Una vida, una aldea. ¿Acaso importa? India

Una vida, una aleda. ¿Acaso importa? India
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Una vida, una aldea. ¿Acaso importa? India

En busca de un pueblo del cual tenemos poca información. Parece un pequeño pueblo perdido en el cual conviven unos 400 Rabaris. Los Rabaris son una misteriosa étnia nómada o semi-nómada prodecente de Jaisalmer. Los hombres Rabaris suelen vestir de blanco y las mujeres de negro y llevan tatuajes y pendientes largos y pesados que estiran sus orejas hacia abajo. Su estilo de vida es diferente al de otras tribus. Hay alrededor de 2500 familias Rabaris por todo Kutch y también en otras zonas de India. Ya hemos visto varios por las calles de Bhuj y sabemos pueblos mas accesibles donde verlos. Pero nos apetece encontrar este pueblo remoto y pintoresco. El cual parece ser un mundo diferente con una cultura aislada.

Cogemos varios buses y vamos en tuk-tuk buscando Thunda Vanda, Thunda, o Vanda. Nadie sabe el nombre de esta aldea, ni donde está situada. Al final nos dirigimos a Vanda por una carretera bastante deshabitada y un paisaje árido. Entonces, a lo lejos, en la dirección a la que nos dirigimos, parecen verse unas fábricas. Que raro, a lo mejor siguen sin saber donde es. Mi amigo me dice, en broma, que esa aldea ya no existe y ha sido reemplazada por una fábrica. No sabemos si se están equivocando de camino, pero seguimos en el tuk-tuk, confiando en que ellos sabrán llegar.

Llegada a la aldea esperada

¡Llegamos! La aldea si que existe, ¡y tanto que existe!, es una aldea tal y como nos la imaginábamos; rural, pequeña, aislada, en un extenso entorno natural y sus aldeanos son Rabaris. Es la misma aldea que buscábamos, solo que un poco más moderna que en las fotografías. Pero eso es lo de menos, hay algo más importante. Hay algo que dista totalmente de lo que imaginábamos. Hay una enorme diferencia en lo que están viendo nuestros ojos. Una gran y triste diferencia que nos deja helados:

La aldea está justo al lado de algo con lo que no contábamos, la aldea está pegada a unos gigantes. A unas grandes bestias. Unas bestias grises, destructivas y grises. Está totalmente rodeada por dos cementeras que contaminan la aldea y toda la zona natural en la que se encuentra, tanto por el aire, como por el incesante ruido de 24 horas de las fábricas. ¿Cómo pueden haber hecho esto? ¿Enserio no importa la vida de esta gente? ¿Enserio no había otro lugar donde poner las fábricas? ¿Cómo puede decidir alguien poner esto aquí, sin más? Sólo faltaba ponerlo encima, total, casi es lo mismo…

La hospitalidad de las mujeres Rabaris

Entramos en la aldea, aún con el corazón Una vida, una aleda. ¿Acaso importa? Indiaencogido, por el choque de ver lo que han hecho a esta pobre gente. Las mujeres Rabaris nos saludan con la mano, los niños nos hablan y nos piden fotografías. Un niño nos lleva a una casa donde una Rabari muy simpática nos invita a tomar un te con su marido y con sus hijos. Nos enseña fotografías de sus abuelos Rabaris que duraron 100 años de vida. También nos presenta a su madre, una señora mayor muy arrugada que es sorda. Saca un corset típico Rabari, hecho por ella, y me invita a ponérmelo y hacerme una foto. Nos enseña sus tatuajes típicos Rabaris.

Esta mujer nos trata de maravilla. Y su carácter sorprende, al ser mucho mas suelta, social y abierta que otras mujeres Indias que hemos conocido. Pasamos un rato super agradable. En todo India, es de las veces que mejor nos sentimos en una casa. Ya que muestran mucho interés en nosotros, sin querer nada a cambio. Les preguntamos cuanto tiempo llevan las fábricas aquí (ellos las llaman “the company”). Pero no saben respondernos, no entienden la pregunta porque no hablan mucho inglés. Después, nos despedimos agradecidos por compartir ese bonito rato y damos un paseo por la aldea.

Poco importa su vida y sus dioses

Paseando por la aldea nos preguntamos constantemente como ha podido pasar esto. ¿Como pueden vivir en esta aldea rodeada por fábricas?. ¿Como pueden vivir con este incesante ruido que se te mete en el cerebro, las 24 horas del día, todos los días del año? Si nos tapamos los oídos e intentamos no ver las fábricas, sentimos que estamos en una remota aldea (y es que en realidad lo estamos). Pero cuando nos destapamos los oídos y vemos la realidad, nos da un vuelco el corazón. Parece imposible. Nos imaginamos el sonido de los pájaros, los arboles y las cosas cotidianas de la aldea. Sería tan bello sin el ruido de las fábricas… Pero solo es una imaginación, ya que ahora es imposible escuchar solo esos sonidos aislados. Siempre van acompañados del ruido de las cementeras.

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Acabamos el paseo en un pequeño templo de la aldea. Y nuestros ojos no dan crédito a la imagen vemos. Un templo hindú justo al lado de las fábricas. Nos entristece esta imagen. Es una imagen que no debería estar aquí, no debería ser así. Parece que hayan recortado un trozo de dos fotografías totalmente diferentes y las hayan juntado. Imaginamos un antes y un después en esta aldea. Y esto nos lleva a pensar que esta aldea desaparecerá. Y se convertirá en una zona industrial o algo similar.

Recuerdos de una vida, recuerdos de un final

¿Cuánto tiempo llevarán estás fábricas aquí? ¿De verdad no importa la vida de la gente? Una vida que se conservó tantos años anteriores en esta aldea. En esa casita donde hemos compartido con la mujer Rabari esos recuerdos de sus antepasados, de sus abuelos de 100 años. Tristemente, ahora ya casi forma parte solo de eso, de recuerdos… De recuerdos que se van esfumando con el humo de las fábricas. También nos planteamos que quizás los aldeanos ni si quiera son conscientes del problema que tienen. Posiblemente pusieran estas fábricas y les dieran trabajo a los aldeanos (por ello las llaman “the company”). ¿Quizás incluso estén agradecidos por ello sin ser conscientes del daño que hace a su pueblo?. ¿O realmente odian que hayan puesto estas fábricas aquí?. No lo sabemos, nos encantaría poder hablar su idioma para preguntarles todo esto.

Nos vamos. Con pesar. Con un sentimiento contradictorio. De ver una vida, una vida única, aislada y diferente. Pero manchada por el hombre de poder. Nos vamos con dos impactantes sentimientos: La belleza del lugar, de sus gentes y de la casa en la que hemos compartido un trocito de esas pequeñas, desconocidas, pero importantes vidas. Y con la imagen demoledora y gris.

Nos vamos con pesar. Con una sensación de que el mundo es y será siempre dominado por los poderosos…

Una vida, una aleda. ¿Acaso importa? India

 

…Con una sensación de que la vida de unos aldeanos no vale nada. La bestia siempre acecha. La gran bestia gris…

…Siempre Gana.

He estado intentando investigar sobre los dueños de estas fábricas, sobre este pueblo, …etc. Pero no encuentro ninguna información, es un pueblo bastante poco conocido, y no encuentro información. Por ello de momento, no puedo hablar más en detalle. 

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Julia Leyva de la Morena

Apasionada de los viajes, los contrastes culturales y las personas. Curiosa, amante de la vida, con ganas constantes de aprender y conocer cosas nuevas. Con estudios de actriz y administrativa. Interesada en la psicología y estudios sociales. Me gusta la fotografía y crear vídeos. Aprendiendo cada día más sobre wordpress y SEO. Autora de este blog.

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